domingo 2 de septiembre de 2007

Wilfred y John

Han llamado a la puerta , yo como ya no tengo colegio y en las mañanas me aburro he ido corriendo para ver quien era,-mira que me ha dicho veces mi madre que no abra a desconocidos-, pero yo supuse que era el cartero que siempre viene sobre las 12, mientras, mi madre seguía limpiando mi habitación, -una manía que tienen las madres cada vez que se termina el curso escolar para poder tirar todas las tonterías que tu aprecias, pero que ella piensa que no valen para nada-.

Allí estaban, con el pelo rubio pollo, pantalones negros como los que usa mi tío y una camisa blanca, tenían pinta de extranjeros, no sabia sus nombres pero para mi serian Wilfred y John. Wil era más delgadito y era el que hablaba –no muy bien, en clase de lengua la señorita Teresa le pondría un dos-, pero John se debía de haber comido todo lo que le había hecho falta al pobre Wil para crecer un poco más, ¡¡¡estaba enorme!!! Yo creo que lo han debido de traer en un Hércules desde su país, por que si no, no hay manera.
No se a que venían, o quizá si, pero a mi no me lo quisieron contar-igual son cosas de mayores que no puedo escuchar-, solo me preguntaron que si conocía a alguien que necesitase ayuda, y yo les dije: ¡claro! Mi madre necesita ayuda, creo que soy algo desordenado y ahora está limpiando mi cuarto. Para mi esto no tiene gracia pero ellos se rieron y se marcharon, mi madre dio una de esas voces que suele dar para no moverse de donde está y que yo la pueda oír, - tranquila mamá, no era el cartero, eran unos raros que no se en que quieren ayudar pero está claro que a limpiar cuartos no es.